25 semanas

Faltan pocos meses para que te pueda ver a los ojos y lo único que pido es ser la mujer valiente que te muestre este mundo.

En este mismo momento me cuesta sostenerme en pie. Quisiera tener con quien desahogarme y contar con un abrazo pero cada vez es más complicado encontrar un confidente que no se envenene con mi realidad.

Respiro y trato de mantener la compostura por ti mi pequeña conejita, pero no soy tan fuerte como quisiera ser. Pido fortaleza a la Madre Divina y que me mantenga firme y consciente a cada paso, pero son cada vez más duras estas pruebas. Me siento en un nunca acabar donde estoy apunto de perder la cordura, de no saber quién soy y solo quisiera llorar y sacar este dolor que me agobia, pero recuerdo tu corazón latiendo en mi y respiro. Respiro y me obligo a retomar la compostura y dejar fluir, dejar ser.

Sin embargo, ese dejar ser ya no es suficiente. Siento que hay algo que tengo que definir pero me cuesta encararlo. La vida es simple: vienes, ves, aprendes y te marchas. En ese lapso de momentos solo debes procurar valorar cada segundo y en cada respiro trabajar por tu tranquilidad y la paz en tu interior. Simple de decir y bastante complicado de lograr.

Por ahora me resta tratar de dormir y ser fuerte, fuerte por ambas, por este presente que cada vez se va acercando y encarar el día a día.

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El saco vacío

Desde hace unos años soy consciente de que venimos a este mundo a aprender y quiero hacer memoria de mis lecciones aprendidas. Por un mes viví y hasta sentí el ser madre. Días de felicidad, esperanza, angustia, confusión y hasta miedo, pero en medio de todas esas sensaciones guardaba el deseo de ver y sentir a ese personajillo que estaba creciendo en mí. Sin embargo, todo quedo en deseo.

Un saco vacío y cifras desfavorables en las betas hacen parte de la respuesta que me queda. Ahora soy parte de esas estadísticas que suenan tan lejanas.

Hago memoria de este evento porque este pequeñito segmento de tiempo donde sentí ser parte de este milagro de traer a alguien al mundo me dio unas lecciones que bien valen la pena recordar:

  • La vida es un milagro. Pasar de ser un diminuto puntito es increíble y ser parte de ese proceso es inexplicable. Me hizo valorar este respirar azaroso que algunas veces pensaba tedioso.
  • Estamos en esta vida para aprender y bien aprendí a dejar fluir; existir es ser consciente de cada instante.

Tras la imagen del saco vacío y nunca ver un corazón solo queda la razón del amor. Un amor que abrace en el silencio y sostenga en el dolor.